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For the Common Good / Para el Bien Comun Pt. 14
This past Sunday pastor Javier continued to expand on Paul’s definition of love according to 1 Corinthians 13:6, in doing so we we're challenged to examine what truly brings us joy. The message confronted us with an uncomfortable truth: love isn't neutral—it has convictions, boundaries, and specific affections.
As pastor Javier unpacked verse 6 we discovered that Biblical love refuses to celebrate injustice and instead finds its deepest delight in the truth. This isn't just about avoiding obvious sins; it's about examining the subtle ways we've learned to find entertainment in what grieves God's heart.
From the shows we binge-watch that normalize adultery and pride, to the moments we feel secret satisfaction when someone we dislike fails, we're called to recognize how easily we can rejoice in darkness while claiming to walk in light.
The sermon powerfully connected truth to the person of Christ Himself—He is the truth incarnate, and the Holy Spirit leads us into all truth through God's Word. This means our relationship with truth isn't academic; it's deeply personal and relational. When we truly love Christ, we don't just tolerate His correction—we rejoice in it, because we understand that truth, though costly, always leads us to life.
The message culminated with the sobering reminder that love costs everything, illustrated through the story of a martyr who declared 'I have decided to follow Jesus' even as it cost him his family and his life. We're left wrestling with the question: do we love truth enough to obey it when it confronts us?
Este pasado domingo, el pastor Javier continuó ampliando la definición del amor según 1 Corintios 13:6, y al hacerlo fuimos desafiados a examinar qué es lo que verdaderamente nos trae gozo. El mensaje nos confrontó con una verdad incómoda: el amor no es neutral; tiene convicciones, límites y afectos específicos.
Al profundizar en el versículo 6, descubrimos que el amor bíblico se niega a celebrar la injusticia y, en cambio, encuentra su mayor deleite en la verdad. No se trata solo de evitar pecados evidentes; se trata de examinar las maneras sutiles en que hemos aprendido a entretenernos con aquello que entristece el corazón de Dios.
Desde las series que vemos compulsivamente y que normalizan el adulterio y el orgullo, hasta los momentos en que sentimos una satisfacción secreta cuando alguien que no nos agrada fracasa, somos llamados a reconocer cuán fácilmente podemos regocijarnos en la oscuridad mientras afirmamos caminar en la luz.
El sermón conectó poderosamente la verdad con la persona misma de Cristo: Él es la verdad encarnada, y el Espíritu Santo nos guía a toda verdad a través de la Palabra de Dios. Esto significa que nuestra relación con la verdad no es académica; es profundamente personal y relacional. Cuando realmente amamos a Cristo, no solo toleramos Su corrección, sino que nos regocijamos en ella, porque entendemos que la verdad, aunque cueste, siempre nos conduce a la vida.
El mensaje culminó con el solemne recordatorio de que el amor lo cuesta todo, ilustrado a través de la historia de un mártir que declaró: “He decidido seguir a Jesús”, aun cuando eso le costó su familia y su vida. Nos quedamos luchando con esta pregunta: ¿amamos la verdad lo suficiente como para obedecerla cuando nos confronta?
